viernes, 3 de septiembre de 2010

El Carpintero de Ataúdes

By Alberto Jiménez Ávila
A veces es necesario que pasen cosas terribles para que algunas personas reaccionen ante situaciones que son insostenibles, ejemplo de esto son las adicciones en las que muchos han caído y que sin importar el esfuerzo de los familiares, muchas veces no es suficiente para que estas las dejen y lleven una vida normal, es el caso del protagonista del siguiente relato que quiero contar.

Cipriano era hijo de un hombre muy trabajador, era aprendiz de carpintero y fabricante de ataúdes, el oficio lo aprendió o medio aprendió de su padre, el cual era el único carpintero del pueblo, un excelente fabricante de muebles, cosa que él no pudo heredar a pesar del esfuerzo que su padre hizo porque este lo aprendiera, a su padre le preocupaba que al morir no habría carpintero capaz de hacer los muebles que la gente del pueblo necesitaba, y por ese motivo animaba a su hijo para que aprendiera bien el oficio.

Como a Cipriano se le dificultaba hacer bien los muebles que las familias del pueblo le pedían, su padre era quien siempre los hacia, y él únicamente le ayudaba a hacer los diferentes cortes, porque para armarlos siempre se le dificultaba, y para evitar hacer un mal trabajo, su padre ya no se lo permitía, en cambio cuando había un pedido de algún ataúd para algún muerto del pueblo, era él quien los hacia porque como decía su padre, ¡los muertos son menos exigentes que los vivos!, y sabia que con el dolor de los familiares, estos no se fijarían en el acabado de la caja.

El padre de Cipriano ya estaba muy avanzado en años, se le dificultaba ver bien y por ese motivo ya casi no aceptaba todos los trabajos que le solicitaban por el temor de no cumplir con ellos, y fue así que ya casi no le encargaban nuevos muebles y el trabajo fue escaseando, hasta que un día murió. Cipriano se quedo solo y fue el mismo quien fabrico el ataúd de su padre, y posteriormente a la muerte él empezó a tomar, algunos decían que era por la tristeza de su muerte, otros decían que porque no tenía trabajo.

Durante un tiempo la gente del pueblo al no haber otro carpintero le encargaban sus muebles a Cipriano, pero como siempre incumplía con la fecha de entrega, y además de que el trabajo no era lo que se esperaba, la gente empezó a dejar de buscarlo para que les hiciera trabajo de carpintería, y únicamente lo buscaban para hacer ataúdes, por eso la gente lo llamaba el carpintero de ataúdes. Además de que como siempre andaba borracho, a veces ni se acordaba que le habían encargado muebles, y en otras ocasiones, si le pedían una cama, les hacia una mesa y viceversa.

Los familiares y vecinos hacían todo lo posible porque él dejara el alcohol, pero nada de lo que hacían era suficiente y ya prácticamente se habían dado por vencidos, su esposa e hijos eran los que lo mantenían, porque llego un momento en que se dedico nada mas al vicio y dejo de trabajar, por eso cuando alguien del pueblo moría, rogaban a dios que Cipriano no estuviera tan borracho para que pudiera hacer el ataúd, porque ir hasta la ciudad, era muy caro y el dinero escaseaba para todos.

Ya era costumbre verlo deambulando por las calles del pueblo, siempre borracho o con la resaca de su borrachera, y en las bodas y velorios no era extraño verlo, porque sabía que siempre encontraría algo de tomar en estos eventos. Y cuando no había fiestas o algún otro evento en el que pudiera conseguir alcohol gratis en el pueblo, y sabia o le decían de algún evento en algunos de los pueblitos cercanos, siempre iba a ellos sin importar la distancia que tuviera que caminar para llegar.

En una ocasión hubo un velorio en un pueblito cercano, Cipriano se presento y estuvo acompañando a los dolientes mientras le dieron licor, pero ya una vez que este se termino, decidió que ya era hora de emprender la marcha para regresar a su casa, eran las doce de la noche, el cielo estaba oscuro y casi no se veía nada por el camino, pero él no tenia miedo y siguió andando hasta que ya estaba cerca de su pueblo y se veían las primeras casas, escucho a lo lejos que alguien se acercaba acaballo, lo supo por el sonido de los cascos del caballo que este hacia, entre mas avanzaba, mas cerca se oían, hasta que lo tubo enfrente de él.

Era una persona montada en un caballo negro, esto lo supo después, porque que en ese instante estaba tan oscura la noche que no se podía distinguir el color, al tenerlo en frente este lo saludo muy amablemente, Cipriano no lo conoció, y pensó que era algún forastero que a esa hora iba de regreso a su casa, le contesto el saludo, el personaje del caballo le pregunto de donde venia, él le conto de donde venia y hacia donde iba, le dijo que se sentía cansado y que deseaba llegar a su casa para poder dormir un rato.

El caballo era grande, demasiado grande que a Cipriano le parecía un caballo gigante, pero no le dio mucha importancia, el personaje le dijo que iba a una fiesta, que si quería lo invitaba, en un principio Cipriano no acepto la invitación, no deseaba ir a ningún lado, solo quería dormir, pero el personaje le insistió, le dijo que en la fiesta habría mucho licor, y de la mejor calidad, todo gratis y mucha comida, además de que habría música para bailar y mujeres deseosas de estar con él.

Ante tal oferta Cipriano no pudo negarse a aceptar la invitación, le pareció demasiado buena y difícil de creer que decidió ir para verlo por si mismo, el personaje le tendió la mano para subirlo en las ancas de su caballo, su mano era áspera y grande, en cuanto estuvo encima del caballo, este le dijo que se agarrara bien de él, para que no se fuera a caer y emprendieron el viaje, el caballo era de lo mas brioso y su cabalgata era tan rápida que parecía que iban volando, y le pareció que en menos de cinco minutos llegaron al pueblo en donde estaba la fiesta.

Estaba emocionado de ver diferentes marcas de licores, mucha comida, mujeres y música para bailar, nadie se fijaba en él, y se sentía intimidado por todo lo que veía, el personaje le dijo que todo era gratis, ¡lo que quieras consumir puedes pedirlo o tomarlo tu mismo, no tienes que pagar nada!, mientras se tomaba un vaso grande de una bebida roja, Cipriano pidió de comer, hacia mucho tiempo que no comía bien y decidió que comería, no sabia que bebida pedir, tenían nombres raros que no conocía, por eso pidió lo primero que tubo a la vista hasta que se termino la botella.

Después de terminar de comer anduvo entre la gente, quería ver si conocía a alguien, pero no conoció a nadie y tampoco sabia en que pueblo estaba, todos parecían alegres y se divertían bailando y tomando, una hora después de andar de un lado para otro, se sintió aburrido y decidió que era hora de regresar, para eso busco a su acompañante y pedirle que lo llevará a su pueblo, ya que este se comprometió ha hacerlo en cuanto quisiera regresar, lo encontró bailando y le pidió lo regresara, este le dijo que siguiera divirtiéndose, pero él insistió que lo regresara, ante su insistencia el personaje le dijo que era un tonto por no aprovechar lo que había en el lugar, -aquí tienes todo lo que haz deseado y no haz podido tener, todo es gratis, le dijo.

Cipriano espero mientras el personaje se despedía de una de las mujeres con la que estaba bailando, una vez que estuvo listo, con un chiflido llamo a su caballo, este se presento en el acto, se le veían los ojos rojos como si tuvieran llamas, se subieron y de la misma manera y con la misma rapidez llegaron al mismo punto en donde se habían encontrado, lo bajo y cuando se estaban despidiendo, Cipriano le pregunto quien era y de donde era, a lo que este le contesto que no le podía dar su nombre ni decirle de donde era, porque si se lo decía se espantaría y no quería asustarlo.

-Yo quiero saber quien eres para poder agradecerte el que me hayas invitado a una fiesta en la que me divertí, comí y tome todo lo que quise, eso no cualquiera lo hace y tu lo has hecho por mi y te estoy agradecido, dijo Cipriano, pero este le contesto que no le diría su nombre, -solo imagínatelo, le contesto y arranco en su caballo, pero al hacerlo el aire le levanto el sombrero y le descubrió el rostro, tenia los ojos hundidos y le brillaban, no tenia carne en el rostro, era un esqueleto.

A Cipriano se le erizo el pelo, hasta entonces se dio cuenta que quien lo había invitado a la parranda no era un ser de este mundo y perdió el conocimiento, dos días después volvió en si, durante ese tiempo estuvo delirando, le daban escalofríos y temblaba incontrolablemente, su familia no sabia lo que le había sucedido y pensaron que moriría, pero se salvo.

Le conto a su familia y vecinos lo que le había sucedido, y todos quedaron sorprendidos por lo que conto, les dijo que únicamente había acompañado el individuo unas cuantas horas, pero durante tres días nadie supo nada de él, y todo el pueblo lo anduvo buscando, y el lugar donde lo encontraron era un camino muy transitado, por ser la calle principal.

Después de todo lo sucedido, Cipriano se puso a reflexionar, pensó que lo que le había sucedido era una señal para que cambiara su forma de vivir, ser una persona buena, alejada de los vicios que estaban deteriorando su salud, y decidió que cambiaria, dejo de tomar alcohol, empezó a leer la biblia y a creer mas en dios, invito a muchos de los que el conocía para que dejaran el alcohol y de esta manera dejaran de desperdiciar sus vidas.

Volvió a ofrecer sus servicios de carpintero, sus trabajos fueron mejorando hasta que llego a ser respetado como su papa, dejaron de llamarlo carpintero de ataúdes, y lo empezaron a llamar maestro de carpintería, nunca supo en donde estuvo durante esos días en los que estuvo desaparecido, lo sospecha pero no lo quiere decir.

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